Mientras buscaba ideas para cambiar el link de este maravilloso blog (espero noten el sarcasmo), me topé con una lectura que me pareció muy, muy bonita. Sigo sin saber cómo.
Aquí la tenemos:
Me hace pensar en lo que soy, en lo que quiero ser y en lo que no. Lamentablemente, todas son incoherencias... De vez en cuando, en lo más profundo de mi mente, aparece la idea de que quizás solo soy una tonta niña peleando contra problemas inexistentes, creados por ella misma. Y apuesto a que es verdad. ¿Qué más, si no? Estoy cargando con la insoportable levedad del ser.Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. —El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.
Con la insoportable levedad de ser yo.
Y sí, tal vez esté exagerando, es lo único que hago. Por supuesto. Niña, no hagas esto. No hagas lo otro. Cállate. Déjalo. Cálmate. Cállate. Déjalo. Cállate. Cállate. Cállate.
Cálmate.
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