jueves, 9 de octubre de 2014

Bukowski

Si no te sale ardiendo de dentro, a pesar de todo, no lo hagas.  
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón y de tu mente y de tu boca y de tus tripas, no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas con la mirada fija en la pantalla del ordenador o clavado en tu máquina de escribir buscando las palabras, no lo hagas. 
Si lo haces por dinero o fama, no lo hagas. 
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama, no lo hagas. 
Si tienes que sentarte y reescribirlo una y otra vez, no lo hagas. 
Si te cansa sólo pensar en hacerlo, no lo hagas. 
Si estás intentando escribir como cualquier otro, olvídalo.
Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti, espera pacientemente.  
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.
Si primero tienes que leerlo a tu esposa o a tu novia o a tu novio o a tus padres o a cualquiera, no estás preparado.
No seas como tantos escritores, no seas como tantos miles de personas que se llaman a sí mismos escritores, no seas soso y aburrido y pretencioso, no te consumas en tu amor propio. Las bibliotecas del mundo bostezan hasta dormirse con esa gente. 
No seas uno de ellos. No lo hagas. 
A no ser que salga de tu alma como un cohete, a no ser que quedarte quieto pudiera llevarte a la locura, al suicidio o al asesinato, no lo hagas. 
A no ser que el sol dentro de ti esté quemando tus tripas, no lo hagas. 
Cuando sea verdaderamente el momento, y si has sido elegido, sucederá por sí solo y seguirá sucediendo hasta que mueras o hasta que muera en ti. 
No hay otro camino. Y nunca lo hubo.

sábado, 27 de septiembre de 2014

domingo, 21 de septiembre de 2014

La insoportable levedad de ser yo

Bien. El plan era empezar mañana, pero dado que el Imperio bizantino me ha mareado, he decidido hacerlo en este mismo momento.

Mientras buscaba ideas para cambiar el link de este maravilloso blog (espero noten el sarcasmo), me topé con una lectura que me pareció muy, muy bonita. Sigo sin saber cómo.

Aquí la tenemos:
Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. —El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.
Me hace pensar en lo que soy, en lo que quiero ser y en lo que no. Lamentablemente, todas son incoherencias... De vez en cuando, en lo más profundo de mi mente, aparece la idea de que quizás solo soy una tonta niña peleando contra problemas inexistentes, creados por ella misma. Y apuesto a que es verdad. ¿Qué más, si no? Estoy cargando con la insoportable levedad del ser.
Con la insoportable levedad de ser yo.

Y sí, tal vez esté exagerando, es lo único que hago. Por supuesto. Niña, no hagas esto. No hagas lo otro. Cállate. Déjalo. Cálmate. Cállate. Déjalo. Cállate. Cállate. Cállate. 

Cálmate. 



Buenos días/ Buenas tardes/ Buenas noches

Desde que OhLife decidió arruinar mi vida (al crearme una cuenta y al desactivar la misma página), he decidido regresar. Trato de encontrar algún motivo válido, pero todas las ideas concluyen en una sola: necesito desahogarme. 
Sinceramente, no sé cómo hacerlo. Me refiero a que sale naturalmente, como respirar: inhalar y exhalar, rápida e inconscientemente. Otro problema sería el qué escribir aquí, pero supongo que lo resolveremos pronto. (En mi mente lo estoy convirtiendo en un diario).

Eso era todo, creo...

Adiós.

viernes, 25 de abril de 2014

No sé lo que me pasa. Estoy recordando todo lo malo que he hecho; toda mi vida, en realidad.
Voy a llorar. Voy a explotar. No puedo retenerlo más.
Quiero sacar todo lo que está dentro de mí, quiero alcanzar la libertad. No puedo.
¡¿Cómo pude hacerlo?! ¡¿Cómo?! ¿El karma es el que me paga ahora con la misma moneda? ¿O simplemente soy yo? No lo sé, no lo sé. Y no quiero saberlo.
No puedo.
¿Por qué seguir? Oh, esperen. Mi problema, mi gran problema, mi problema existencial, es que me aferro al pasado. Mucho. Siempre lo he hecho. No puedo dejar fluir al tiempo. Simplemente no puedo.
Los buenos tiempos me están matando. ¡Alguien ayúdeme!
Me dijeron que me quedaré sola... ¿Debería creerle? ¿O debería aceptar la verdad? ¿Admitirlo?
Pero si ya lo sabía. ¿Qué más? ¡¿Qué más?!
Tengo unas ganas irrefrenables de gritar, un impulso de llamar a todas las personas a las que he herido y remendar el daño. Ya sé que no se puede hacer eso, ¡ya lo sé! ¿La intención cuenta?
Necesito hacerlo.
¿Por favor? 

Esta no es una carta de suicidio

Esta no es una carta de suicidio.
Oh, por supuesto que no. ¿Quién creería semejante cosa? ¡Nadie! ¡Para nada! ¡No! ¡Nunca!
Simplemente quería escribir esto. No explicaré y no lo intentaré, tampoco.
Dioses, qué complicado. Qué difícil.
El cielo está azul, las nubes están quietas y el sol brilla. ¿Qué más podría pedir?
No, no me interesa en lo más mínimo. ¡A la mierda todo! ¡Que les jodan!
Y bueno… No habría nada más que decir, sinceramente.
No puedo expresar este sentimiento.
No puedo, no puedo, no puedo, no puedo, no puedo, no puedo, no puedo, no puedo, no puedo.
En fin, ¿en qué estábamos?
Oh, claro, sí, como usted diga, señor.
¡Soy feliz! ¡Estoy triste! Qué buena vida, amigo. Qué fantástico.
Estoy hecha de incoherencias, ¿algo más por decir?
Quiero irme. Quiero huir. Quiero dejarlos.
Por siempre, por siempre. Por mil eternidades.
¿Por favor?
Uf, me siento genial. Nunca me sentí tan viva.
Solo una pequeña humana; pequeña, pequeña, humana, pequeña, humana, pequeña.
Oigan, podría ser feliz. Podría serlo. Realmente, podría. 

18/04/14

martes, 18 de marzo de 2014

Olvidos

“—Llegará un día en que todos nosotros estaremos muertos —dije—. Todos nosotros. Llegara un día en que no quedara un ser humano que recuerde que alguna vez existió alguien o que alguna vez nuestra especie hizo algo. No quedara nadie que recuerde a Aristóteles o a Cleopatra, por no hablar de vosotros. Todo lo que hemos hecho, construido, escrito, pensado y descubierto será olvidado, y todo esto —continué, señalando a mi alrededor— habrá existido para nada. Quizá ese día llegue pronto o quizá tarde millones de años, pero, aunque sobrevivamos al desmoronamiento del sol, no sobreviviremos para siempre. Hubo un tiempo antes de que los organismos tuvieran conciencia en sí mismos, y habrá un tiempo después. Y si te preocupa que sea inevitable que el hombre caiga en el olvido, te aconsejo que ni lo pienses. Dios sabe que es lo que hace todo el mundo.”

lunes, 17 de marzo de 2014

Perdidos

Siento que nos estamos perdiendo.
Así como una persona se pierde en sí misma, o como se puede perder en otra al mismo tiempo, nosotros nos estamos perdiendo en el vacío de la nada.
No sé cómo explicarlo.
No sé tampoco si lo sé.

Carta de otoño



Hoy te escribo porque sé que estás sola
y oyes la radio en una habitación
sin vistas al mar y lees libros
que leíste hace tiempo.
Porque sientes
como si fuera a llegar la noche de inmediato,
la inquietud de una tarde de espera
en la aséptica sala de un dentista.

Hoy te escribo porque sé que estás sola
y se han roto tus sueños,
y tus mitos murieron,
y la tarde está fría y no hay nadie en la calle.

Y menuda miseria asumir los errores
y los golpes al aire, el olor del fracaso,
las arrugas del tiempo y los días perdidos.

Trazas en el espejo
con el lápiz de labios el mapa
trashumante de la vida y lo vuelves
a borrar por retomar de nuevo
el mismo camino que reiniciaste
mil veces. Con el lápiz de labios.

Quién conoce la senda que buscaste,
quién tiene
en la mano la llave que perdiste
muchacha de vaqueros y suéter.

El mar sigue rompiendo en la orilla,
en la misma orilla
por donde andabas descalza
y mirabas –pezones agraces
y alma incendiada- 
al horizonte y la bruma.

Hoy te escribo un poema
que tal vez nunca leas,
que tal vez nunca llegue a tu cuarto de humo
donde suena la radio.

-Juan Jose Vélez Otero



Tengo un mundo en la garganta, y no sé si podré soportarlo más.