domingo, 22 de noviembre de 2015

Carta a una desconocida

A veces me miro al espejo y me pregunto: ¿Quién soy? Y no encuentro respuesta alguna. Lo mismo me sucede contigo ahora. ¿Quién eres? ¿En qué te has convertido? ¿Qué ha pasado contigo? Cuéntame. No te alejes, no te distancies; quiero comprenderte. Quiero ayudarte. Sé que puedo resultar algo insistente, un problema constante. Pero no te vayas, por favor, te lo pido. Aunque yo te obligue a hacerlo, aunque sobre mis rodillas te lo ruegue. No me abandones. Cuéntame qué no te permite dormir por las noches, qué te alegra el día y por qué esa es tu canción favorita. No me dejes con la duda, no me hagas creer cosas que no son. Mi mente juega conmigo y no sé en qué pensar.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Algunas veces siento todo al mismo tiempo y
otras, en cambio, no siento nada en absoluto.
Y no sé qué es peor:
ahogarme entre las olas
o morir de sed.

jueves, 9 de octubre de 2014

Bukowski

Si no te sale ardiendo de dentro, a pesar de todo, no lo hagas.  
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón y de tu mente y de tu boca y de tus tripas, no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas con la mirada fija en la pantalla del ordenador o clavado en tu máquina de escribir buscando las palabras, no lo hagas. 
Si lo haces por dinero o fama, no lo hagas. 
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama, no lo hagas. 
Si tienes que sentarte y reescribirlo una y otra vez, no lo hagas. 
Si te cansa sólo pensar en hacerlo, no lo hagas. 
Si estás intentando escribir como cualquier otro, olvídalo.
Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti, espera pacientemente.  
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.
Si primero tienes que leerlo a tu esposa o a tu novia o a tu novio o a tus padres o a cualquiera, no estás preparado.
No seas como tantos escritores, no seas como tantos miles de personas que se llaman a sí mismos escritores, no seas soso y aburrido y pretencioso, no te consumas en tu amor propio. Las bibliotecas del mundo bostezan hasta dormirse con esa gente. 
No seas uno de ellos. No lo hagas. 
A no ser que salga de tu alma como un cohete, a no ser que quedarte quieto pudiera llevarte a la locura, al suicidio o al asesinato, no lo hagas. 
A no ser que el sol dentro de ti esté quemando tus tripas, no lo hagas. 
Cuando sea verdaderamente el momento, y si has sido elegido, sucederá por sí solo y seguirá sucediendo hasta que mueras o hasta que muera en ti. 
No hay otro camino. Y nunca lo hubo.

sábado, 27 de septiembre de 2014

domingo, 21 de septiembre de 2014

La insoportable levedad de ser yo

Bien. El plan era empezar mañana, pero dado que el Imperio bizantino me ha mareado, he decidido hacerlo en este mismo momento.

Mientras buscaba ideas para cambiar el link de este maravilloso blog (espero noten el sarcasmo), me topé con una lectura que me pareció muy, muy bonita. Sigo sin saber cómo.

Aquí la tenemos:
Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. —El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.
Me hace pensar en lo que soy, en lo que quiero ser y en lo que no. Lamentablemente, todas son incoherencias... De vez en cuando, en lo más profundo de mi mente, aparece la idea de que quizás solo soy una tonta niña peleando contra problemas inexistentes, creados por ella misma. Y apuesto a que es verdad. ¿Qué más, si no? Estoy cargando con la insoportable levedad del ser.
Con la insoportable levedad de ser yo.

Y sí, tal vez esté exagerando, es lo único que hago. Por supuesto. Niña, no hagas esto. No hagas lo otro. Cállate. Déjalo. Cálmate. Cállate. Déjalo. Cállate. Cállate. Cállate. 

Cálmate. 



Buenos días/ Buenas tardes/ Buenas noches

Desde que OhLife decidió arruinar mi vida (al crearme una cuenta y al desactivar la misma página), he decidido regresar. Trato de encontrar algún motivo válido, pero todas las ideas concluyen en una sola: necesito desahogarme. 
Sinceramente, no sé cómo hacerlo. Me refiero a que sale naturalmente, como respirar: inhalar y exhalar, rápida e inconscientemente. Otro problema sería el qué escribir aquí, pero supongo que lo resolveremos pronto. (En mi mente lo estoy convirtiendo en un diario).

Eso era todo, creo...

Adiós.