martes, 18 de marzo de 2014

Olvidos

“—Llegará un día en que todos nosotros estaremos muertos —dije—. Todos nosotros. Llegara un día en que no quedara un ser humano que recuerde que alguna vez existió alguien o que alguna vez nuestra especie hizo algo. No quedara nadie que recuerde a Aristóteles o a Cleopatra, por no hablar de vosotros. Todo lo que hemos hecho, construido, escrito, pensado y descubierto será olvidado, y todo esto —continué, señalando a mi alrededor— habrá existido para nada. Quizá ese día llegue pronto o quizá tarde millones de años, pero, aunque sobrevivamos al desmoronamiento del sol, no sobreviviremos para siempre. Hubo un tiempo antes de que los organismos tuvieran conciencia en sí mismos, y habrá un tiempo después. Y si te preocupa que sea inevitable que el hombre caiga en el olvido, te aconsejo que ni lo pienses. Dios sabe que es lo que hace todo el mundo.”

lunes, 17 de marzo de 2014

Perdidos

Siento que nos estamos perdiendo.
Así como una persona se pierde en sí misma, o como se puede perder en otra al mismo tiempo, nosotros nos estamos perdiendo en el vacío de la nada.
No sé cómo explicarlo.
No sé tampoco si lo sé.

Carta de otoño



Hoy te escribo porque sé que estás sola
y oyes la radio en una habitación
sin vistas al mar y lees libros
que leíste hace tiempo.
Porque sientes
como si fuera a llegar la noche de inmediato,
la inquietud de una tarde de espera
en la aséptica sala de un dentista.

Hoy te escribo porque sé que estás sola
y se han roto tus sueños,
y tus mitos murieron,
y la tarde está fría y no hay nadie en la calle.

Y menuda miseria asumir los errores
y los golpes al aire, el olor del fracaso,
las arrugas del tiempo y los días perdidos.

Trazas en el espejo
con el lápiz de labios el mapa
trashumante de la vida y lo vuelves
a borrar por retomar de nuevo
el mismo camino que reiniciaste
mil veces. Con el lápiz de labios.

Quién conoce la senda que buscaste,
quién tiene
en la mano la llave que perdiste
muchacha de vaqueros y suéter.

El mar sigue rompiendo en la orilla,
en la misma orilla
por donde andabas descalza
y mirabas –pezones agraces
y alma incendiada- 
al horizonte y la bruma.

Hoy te escribo un poema
que tal vez nunca leas,
que tal vez nunca llegue a tu cuarto de humo
donde suena la radio.

-Juan Jose Vélez Otero



Tengo un mundo en la garganta, y no sé si podré soportarlo más.